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jueves, 13 de septiembre de 2007

La polaridad del aprendizaje.

De Vida y destino humano, Thorwald Dethlefsen: 
Hace mucho que se plantea la pregunta de hasta qué punto está determinado el destino, respectivamente el cumplimiento de estos deberes, y dónde está la libertad del hombre para cambiar esto en algún respecto. Esta es y será una de las cuestiones difíciles, pero podemos acercarnos a su eventual solución paso a paso. Respecto al programa de aprendizaje, éste  con seguridad está determinado y tiene que ser cumplido. Pero también dentro del determinismo la ley de polaridad sigue totalmente en vigencia. Esta ley nos pone ante la elección de como cumplir el programa de aprendizaje, por qué camino queremos realizar nuestros pasos de aprendizaje y cómo queremos resolver los problemas. Por eso es necesario distinguir entre los problemas a resolver, ellos sí totalmente determinados, y el cómo de la vía de solución. Para ello la ley de polaridad ofrece dos posibilidades:
1. Aprender de manera consciente. Esta posibilidad requiere del hombre que esté siempre dispuesto  a afrontar las exigencias del destino y a resolver cada problema que se presenta voluntariamente mediante la actividad.
2. Aprender de manera inconsciente. Esto se produce automáticamente, cuando el hombre pierde la oportunidad de resolver un problema de manera consciente. La mayoría de los hombres se limitan generalmente a la segunda posibilidad. Pero aprender incoscientemente es siempre aprender mediante el sufrimiento. Mientras el hombre esté dispuesto a cuestionar viejos puntos de vista y fijaciones, a expandir su conciencia de manera de dominar todos los deberes presentados por el destino, no tiene que temer golpes demasiado tremendos del destino, ni enfermedades graves.
Pero en el momento en que el hombre rechaza los problemas y trata de escaparles o de negarlos, ahí el destino comienza a obligar al hombre a enfrentar el proceso de aprendizaje no percibido. El hombre se convierte en  víctima de una situación en la cual resuelve obligatoriamente, mediante la vivencia propia, por lo menos una parte del problema. El prceso de aprendizaje en situaciones forzadas es generalmente incompleto porque la resistencia del que sufre  es demasiado grande. Sólo cuando el hombre se ha reconciliado con una situación, puede comprender plenamente su sentido.

Chupate esa mandarina.

martes, 14 de agosto de 2007

Acá va lo que quería contar

De Alexander Ruperti. Ciclos del devenir.
¿Qué es una crisis? Los ciclos son mediciones del cambio. A fin de que se concrete cualquier finalidad, deberá tener lugar el cambio, y el cambio implica necesariamente crisis. Muchos tienen dificultad con el vocablo crisis, confundiéndolo con "catástrofe". Estudian astrología en la creencia de que el conocer con antelación los aspectos "malos" o "maléficos" les permitirá evitar una crisis. Sin embargo, una crisis no es una calamidad terrible. Deriva del vocablo KRINO, "decidir", y significa simplemente tiempo de decisión. Una crisis es un punto crucial, lo que precede al  CAMBIO.  Al fin de evitar una crisis, uno tendría que evitar su propio cambio, lo cual es una imposibilidad evidente.
Aunque toda la materia, tanto viva como inanimada, está cambiando constantemente, sólo el hombre  tiene la capacidad para la decisión consciente. A fin de evolucionar, deberá abandonar la conducta instintiva que sólo sirve para la sobrevivencia o las compulsiones sociales en favor de la elección consciente. La barrera para la elección consciente es el "ego", aquello que la sociedad dijo que un individuo debe ser, en contraposición a la experiencia del Yo, que le dice lo que él es realmente. Es de conformidad con el rol social que uno asume pautas habituales de conducta. Entonces, cuando llega un tiempo de decisión (crisis), uno permite que esas pautas determinen la elección, en lugar de utilizar pautas que broten de la propia verdad personal.
Por desgracia, está siempre presente la tentación de evitar tomar una decisión con la esperanza de que esa necesidad desaparecerá y de que las cosas permanecerán en una cómoda "normalidad". A veces, esta técnica parece funcionar y parece que no se rompe el hilo del statu quo; sin embargo, no importa cuan pequeña sea la decisión o cuan insignificante sea la crisis, este hecho de evitar es una derrota espiritual. Rehusar la decisión, o aguardar a que las circunstancias u otras personas tomen la decisión, no absuelve de responsabilidad al individuo.Cada vez que no se toma una decisión, se ahondan las pautas instintivas inconscientes. Lo que en la niñez fue una estría, después se convierte en un surco y finalmente en una tumba. Esta falta repetida de decisión consciente podrá hacer subir la tensión de una situación hasta que finalmente explote. Entonces, uno puede verse obligado a reaccionar ante circunstancias difíciles o dolorosas que podrían haberse evitado si se hubieran afrontado las crisis primeras y menores con objetividad y valentía. La catástrofe resultante no es el resultado necesario de las crisis, sino de las decisiones que se evitaron. Así para los astrólogos orientados humanísticamente, las crisis no son acontecimientos externos, aunque acontecimientos externos las precipiten o condicionen su desarrollo. Las crisis, grandes y pequeñas, son esencialmente oportunidades de crecimiento -las únicas oportunidades que tenemos siempre realmente. Uno debe empeñarse continuamente en estar despierto y libre de las inconscientes pautas de los hábitos que obstaculizan el crecimiento espiritual. De esta manera a las crisis se las podrá usar para las propias finalidades individuales.